BLOG DO PADRE JOÃO CARLOS - MEDITAÇÃO

Quien soy yo?




   08 de agosto de 2024.   

Dia San Domingo


   Evangelio.   


Mateo 16,13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremias o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.» Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenla que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tema que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»


   Meditación.   


Entonces Jesús les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mt 16, 15)

Lo que los demás dicen de mí me afecta de alguna manera. Si es algo malo, puedo enojarme, ponerme triste o incluso dejarme corregir en algo. Si es algo bueno, lo acepto con placer, acaricia mi ego, pero también puede fortalecerme en lo que ya expreso de bueno con mi vida. Hay personas que solo aceptan lo que les conviene. Pero saber lo que los demás piensan de mí puede ser bueno si sirve para corregir el rumbo de mi vida o fortalecerme en el camino que estoy recorriendo.

Pero no puedo guiarme solo por lo que los demás piensan o dicen. No podemos ser personas movidas por la opinión pública, influenciadas por la dictadura de lo "políticamente correcto", moviéndonos solo al sabor de las tendencias del mundo de hoy. Necesitamos estar atentos. La opinión pública puede ser manipulada por los intereses de quienes controlan la comunicación de masas, por las noticias falsas de la desinformación en las redes sociales, por ideologías favorables a un cierto tipo de sociedad.

En este mundo hiperconectado, de gente que piensa poco y comparte todo lo que aparece, está en gestación un tipo de cristiano inseguro, ansioso, desconfiado. No es tu caso, claro. Inseguro porque conoce poco de la fe cristiana; ansioso porque percibe que sus verdades están bajo crítica intensa; y desconfiado porque su confianza en las instituciones está dañada.

En un cierto momento, Jesús quiso saber qué decían los demás sobre él. La gente lo reconocía como un hombre de Dios en la línea de los profetas. Ok. Quiso saber más: qué pensaba su grupo de discípulos sobre él. 'Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?' Pedro dio una hermosa respuesta: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. A Jesús le gustó lo que escuchó. Y reconoció que eso era una revelación de Dios, no una simple conclusión del conocimiento humano. Él era el Mesías, el hijo de Dios.

Jesús preguntó, pero no se dejó influenciar por el resultado de la encuesta; ni por las acusaciones que fue coleccionando en los tres años de ministerio: glotón, amigo de pecadores y publicanos, infractor de la Ley del sábado, aliado de Belcebú, blasfemo... Nada de eso lo intimidó en su camino. E incluso ante la buena respuesta de Pedro, mantuvo cautela: orientó que no dijeran eso a nadie. Esa comprensión sobre él aún necesitaba ser purificada por su pasión y muerte.

Queda una pregunta: ¿Cómo Jesús logró mantenerse firme en su camino a pesar de la oposición que fue creciendo a su alrededor? La respuesta está en la montaña. Frecuentemente subía para orar, para consultar con el Padre sobre su camino y para hacer sus elecciones. El Papa Francisco ha hablado desde el inicio de su ministerio como pastor de la Iglesia sobre la necesidad del discernimiento. Es necesario escuchar todas las opiniones, dialogar para entenderlas y hacerse entender, y confrontar tu respuesta y la de los demás con Dios, con la revelación divina. En esto nos ayudan la lectura orante de la Palabra de Dios, el estudio de la fe cristiana y la oración que da espacio a la escucha de Dios.

La Iglesia es de Cristo, pero también está compuesta de hombres y mujeres frágiles y pecadores. Jesús hizo la piedra fundamental de su Iglesia a ese discípulo que proclamó la fe verdadera revelada por Dios, a pesar de su debilidad. “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Y le dio las llaves del Reino de los cielos: para que él, como siervo fiel, abriera y cerrara, atara y desatara, es decir, cuidara de la casa del Señor con su autoridad.




Guardando el Mensaje

En estos tiempos en que los intereses insistem en definir que la verdad es relativa y la fe es solo una opinión privada, necesitamos escuchar lo que dicen sobre nosotros, pero no para moldearnos a su pensamiento ni para someternos a sus intenciones destructoras de la vida, de la familia, de la casa común. Escuchar para dialogar, para presentar el testimonio de nuestra fe, para aprender también y corregirnos si es el caso. Jesús construye su Iglesia sobre hombres como Pedro, que a pesar de su debilidad, acogió y profesó la revelación de Dios. El Señor construye familias y comunidades santas sobre hombres y mujeres que escuchan más su voz que el murmullo vanidoso, a veces enojado, de los hombres. El Señor fundamenta la construcción de un nuevo mundo de justicia, de paz y de libertad sobre hombres y mujeres que escuchan y practican su palabra.

Entonces Jesús les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mt 16, 15)

Rezando la palabra

Señor Jesús, 
quisiste saber qué pensaban y decían de ti el pueblo y tus discípulos. No era una encuesta de mercado con la intención de redefinir estrategias para vender mejor tu producto. Era un gesto de diálogo para verificar el nivel de comprensión que estaban alcanzando y tenerlo en cuenta en el proceso de evangelización. Las opiniones de los demás de alguna manera siempre nos afectan, sobre todo cuando son maliciosas, destructoras, malintencionadas. Aunque sintamos tristeza y a veces enojo, no podemos permitir que nos paralicen, que nos bloqueen los pasos. Esto lo aprendemos contigo. Contigo también aprendemos a valorar a personas de fe como Pedro, abierto a lo que el Padre le revela. Hoy, Señor, queremos renovar nuestros lazos de amor y adhesión a tu Iglesia, la Iglesia de Pedro, asistida por tu Santo Espíritu. Ayúdanos a construir familias y comunidades santas, edificadas sobre la fe de tu Iglesia. Bendito sea tu santo nombre, hoy y siempre. Amén.

Viviendo la Palabra

Aplicando este texto a tu vida, piensa en qué medida te estás dejando condicionar por la opinión de los demás. Y de qué manera estás alimentando tus propias convicciones y elecciones. Mira si has subido a la montaña como Jesús.

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

O fermento de Deus no mundo.


   07 de agosto de 2024.   

Quarta-feira da 18ª Semana do Tempo Comum


    Evangelho.    


Mt 15,21-28

Naquele tempo, 21Jesus retirou-se para a região de Tiro e Sidônia. 22Eis que uma mulher cananeia, vindo daquela região, pôs-se a gritar: “Senhor, filho de Davi, tem piedade de mim: minha filha está cruelmente atormentada por um demônio!” 23Mas, Jesus não lhe respondeu palavra alguma. Então seus discípulos aproximaram-se e lhe pediram: “Manda embora essa mulher, pois ela vem gritando atrás de nós”. 24Jesus respondeu: “Eu fui enviado somente às ovelhas perdidas da casa de Israel”. 25Mas, a mulher, aproximando-se, prostrou-se diante de Jesus, e começou a implorar: “Senhor, socorre-me!” 26Jesus lhe disse: “Não fica bem tirar o pão dos filhos para jogá-los aos cachorrinhos”. 27A mulher insistiu: “É verdade, Senhor; mas os cachorrinhos também comem as migalhas que caem da mesa de seus donos!” 28Diante disso, Jesus lhe disse: “Mulher, grande é a tua fé! Seja feito como tu queres!” E desde aquele momento sua filha ficou curada.


   Meditação.   


É verdade, Senhor, mas os cachorrinhos também comem as migalhas que caem da mesa de seus donos! (Mt 15, 27)

Não foi uma coisa fácil as primeiras comunidades cristãs se abrirem para os pagãos. Jesus era judeu. Maria era judia. Os apóstolos, todos judeus. Aquela gente tinha consciência clara de ser o povo de Deus, o povo com quem Deus vivia em uma sagrada aliança. O Senhor Deus mesmo o tinha escolhido como seu povo, libertando-o da dominação dos pagãos no Egito e em Canaã. A orientação sempre foi tomar distância dessas nações idólatras. Então, os pagãos estavam fora do horizonte dos judeus piedosos do tempo de Jesus. Certo, os que queriam viver a fé no Deus vivo podiam se aproximar das comunidades judaicas como prosélitos, mas não com os mesmos direitos. Todo homem judeu estava circuncidado, sinal de sua aliança com Deus. E todo judeu marcava bem sua condição de membro do povo da aliança pelo cumprimento do sábado, da páscoa, das peregrinações e festas anuais e por tudo o que a Lei de Moisés prescrevia.

Na verdade, essa ideia de separação e exclusão dos outros povos cresceu muito com o exílio da Babilônia. Foi quase uma forma de sobrevivência de uma comunidade muito machucada e humilhada pelos grandes impérios que se sucederam. O ambiente em que Jesus nasceu e cresceu era esse. Aliás, tinha um novo complicador: a dominação dos pagãos romanos. Mas, nem sempre se pensou assim em Israel. Quando o povo começou a se formar, Abraão foi chamado por Deus para ser uma bênção para todas as nações da terra. E mesmo nos momentos mais dramáticos da história deles, havia quem pensasse diferente. Vários profetas, como Isaías do tempo do exílio, sonharam com um mundo em que todas as nações conheceriam o Deus verdadeiro e se encontrariam numa grande peregrinação à cidade santa de Jerusalém.

Depois que Jesus voltou para o Pai, as comunidades cristãs foram se espalhando e, aos poucos, foram integrando também pagãos convertidos. Foi uma mudança muito grande, assimilada com dificuldade pelos cristãos que vinham da prática da Lei de Moisés. Chegou-se a uma tensão tão grande, que precisou haver uma reunião em Jerusalém com Paulo, Pedro e todos os apóstolos e lideranças para resolver isso. Afinal, a comunidade se abriu ao Espírito Santo e foi vendo com clareza, que chegara o tempo em que Deus queria que todos conhecessem, amassem e seguissem a Cristo, fossem judeus ou não. E pra seguir Jesus não era preciso ter os mesmos costumes que os judeus (como por exemplo a circuncisão, o sábado, etc.). O cristianismo era um novo momento do povo de Deus, aberto a todas as nações e povos do mundo.

Assim, quando os evangelistas e suas comunidades contaram a história de Jesus, lembraram-se desse passo tão sério que foi a superação da discriminação dos pagãos para integrá-los na comunidade, como irmãos. Foi assim que o evangelista contou que Jesus estava visitando um território pagão e veio uma mulher daquela região pedir-lhe para libertar a filha da dominação do demônio. A resposta de Jesus foi como o seu povo pensava, a resposta de uma comunidade que ainda não tinha acolhido os pagãos como irmãos: “Não fica bem tirar o pão dos filhos para jogá-lo aos cachorrinhos”. Os filhos, claros, são os judeus. Os cachorros são os pagãos. Essa era a mentalidade. A resposta da mulher representa bem toda a humildade e o espírito penitente com que os pagãos se aproximaram da fé em Jesus Cristo: “É verdade, Senhor; mas também os cachorrinhos, debaixo da mesa, comem as migalhas que as crianças deixam cair”. Diante dessa condição necessitada, penitente e humilde dos pagãos, as comunidades abriram os braços para acolhê-los. A resposta de Jesus é o retrato disso: “Mulher, grande é a tua fé! Seja feito como tu queres!” A salvação em Cristo veio para todos.




Guardando a mensagem

O episódio da mulher pagã que foi pedir a Jesus para libertar sua filha do demônio representa bem as pessoas de outros povos e religiões que procuraram a comunidade cristã para participar também da salvação em Cristo. Os seguidores de Jesus tiveram muita dificuldade para integrar os pagãos na comunidade, porque viviam dentro de uma mentalidade de discriminação dos não-judeus. Contando essa história, os evangelistas mostravam como Jesus, dentro daquele contexto de exclusão dos pagãos, rompeu com esse esquema e alargou a sua missão também para os pagãos. O preconceito pode nos manter afastados de muitas pessoas e grupos que vivem outras tradições culturais e religiosas diferentes da nossa. Jesus veio para todos. A comunidade cristã tem a vocação de ser uma comunidade em diálogo com o mundo, com as outras religiões, com todos. A Igreja é o fermento na massa, o fermento de Deus no mundo.

É verdade, Senhor, mas os cachorrinhos também comem as migalhas que caem da mesa de seus donos! (Mt 15, 27)

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
tu és o salvador da humanidade. Venceste o pecado e o mal que mandavam no mundo. É assim que lemos no evangelho tantas histórias em que libertaste pessoas do teu povo da dominação do demônio, até mesmo dentro da sinagoga. Nessa história da mulher pagã que foi te pedir para tu libertares sua filha, vemos como tua ação redentora abriu-se também para as pessoas pagãs. Tu te colocaste como missionário do Pai a serviço do bem de todos, sem discriminação. Tua atitude ajudou as primeiras comunidades cristãs a compreenderem que a salvação chegara para todos. Senhor, ajuda-nos a vencer também a estreiteza de nossos pensamentos que nos fecham em nossos templos e não nos permitem ver a missão na sua abrangência no mundo, como bênção que deve chegar a todos, transformando toda a realidade com a tua graça. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.

Vivendo a palavra

Será que você poderia comentar a passagem de hoje com alguém? Seria um bom exercício de compreensão do evangelho e de compromisso com a missão. O texto de hoje é Mateus 15,21-28.

Comunicando


Como todas as quartas-feiras, hoje os grupos de estudo da Segunda Bíblica, no WhatsApp e no Telegram, ficam abertos para receber a resposta da pergunta da semana. E a pergunta de hoje é essa: Lendo o Capítulo 21 do Profeta Ezequiel, pode-se ficar com a imagem de um Deus violento e vingativo. Como explicar isso?

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

Hora de subir a Montanha.




  06 de agosto de 2024.  

Festa da Transfiguração do Senhor

  Evangelho.  

Mc 9,2-10

Naquele tempo, 2Jesus tomou consigo Pedro, Tiago e João, e os levou sozinhos a um lugar à parte sobre uma alta montanha. E transfigurou-se diante deles. 3Suas roupas ficaram brilhantes e tão brancas como nenhuma lavadeira sobre a terra poderia alvejar. 4Apareceram-lhe Elias e Moisés, e estavam conversando com Jesus. 5Então Pedro tomou a palavra e disse a Jesus: “Mestre, é bom ficarmos aqui. Vamos fazer três tendas: uma para ti, outra para Moisés e outra para Elias”. 6Pedro não sabia o que dizer, pois estavam todos com muito medo. 7Então desceu uma nuvem e os encobriu com uma sombra. E da nuvem saiu uma voz: “Este é o meu filho amado. Escutai o que ele diz!” 8E, de repente, olhando em volta, não viram mais ninguém, a não ser somente Jesus com eles. 9Ao descerem da montanha, Jesus ordenou que não contassem a ninguém o que tinham visto, até que o Filho do Homem tivesse ressuscitado dos mortos. 10Eles observaram esta ordem, mas comentavam entre si, o que queria dizer “ressuscitar dos mortos”.

  Meditação.  

E transfigurou-se diante deles (Mc 9, 2)

Você já subiu uma montanha? Bom, pelo menos um monte mais alto já, não é verdade.

A montanha é um símbolo do encontro com Deus. O homem busca Deus, como que subindo uma montanha. Quando chega ao ponto mais alto, tem uma visão deslumbrante. Nem lembra mais do cansaço da subida. É, em certa medida, um momento de transfiguração, de êxtase, de encantamento. Veja que em cima dos montes tem sempre uma igreja construída ou, pelo menos, um cruzeiro. Já reparou isso? A montanha é o lugar simbólico do encontro com Deus.

Na Bíblia, há também essa identificação da montanha com o fascinante encontro com Deus. Moisés, por exemplo, falou com Deus no monte Sinai. Houve lá o episódio da Sarça Ardente. Mas, também a entrega da Lei nas tábuas de pedra. No Monte Horeb (que é o mesmo Monte Sinai), também Elias falou com Deus. No monte Carmelo, o mesmo Elias desafiou centenas de sacerdotes pagãos. Ali, Deus mostrou quem era o Deus verdadeiro. A montanha é o lugar da manifestação de Deus. No Sinai, eram tantos relâmpagos e trovões que o povo lá em baixo quase morre de medo. Moisés desceu de lá com o rosto brilhando.

No evangelho da Transfiguração, lido, hoje, em Marcos, capítulo 9, está contado que Jesus subiu à montanha com Pedro, Tiago e João, três dos seus discípulos. Lá, eles tiveram uma experiência maravilhosa da manifestação de Jesus em sua condição gloriosa. E o que aconteceu na montanha? Ali, houve um profundo encontro com Deus, um momento de revelação da pessoa de Jesus. Jesus foi transfigurado diante deles, ficou com o rosto e as roupas brilhantes. E apareceram Moisés e Elias conversando com ele. Depois, uma nuvem os cobriu e ouviram a voz de Deus: “Este é o meu filho amado, no qual pus todo o meu afeto. Ouçam-no!".

Subir a montanha é o que nós fazemos na Oração. No momento em que entramos profundamente na comunhão com Deus é como se nós chegássemos ao topo da montanha. Ali, podemos viver uma maravilhosa experiência com Deus. E quem pode nos conduzir assim à oração profunda e verdadeira? O acesso, o caminho já foi aberto por Jesus. E o Espírito Santo de Deus é quem nos conduz ao topo da montanha. Mas, ele conta com nossa docilidade, com nosso esforço em rezar com simplicidade e profundidade. Ficando só na superficialidade, rezando da boca pra fora, distraindo-nos com tudo ao nosso redor, dificilmente subimos à montanha. Ficamos no meio do caminho, não concluímos a subida. Quando alcançamos o topo, rezando de verdade, tudo se torna luminoso, nosso interior se enche de paz e de santa alegria. Ali, Deus nos fala, como pai. Ele nos aponta Jesus como nosso caminho, nos dá direção, discernimento, conforto. Ficamos até com a tentação de permanecer naquela situação, como os três apóstolos que queriam montar tendas para se fixarem por ali.

Depois da experiência lá no topo, precisamos descer a montanha, voltar à normalidade de nossa vida. Mas, voltamos reabastecidos, reanimados. O encontro com Jesus ressuscitado dá novo ânimo à nossa existência e às nossas lutas.




Guardando a mensagem

A montanha é uma imagem da experiência com Deus. Nesse encontro, fundamentalmente o Pai nos apresenta Jesus, seu filho amado. E faz isso, de maneira especial, através de sua Palavra. A Palavra de Deus, na visão dos três apóstolos na montanha, está representada por Moisés e Elias. O povo de Deus dava aos escritos sagrados o título de “Moisés e os Profetas”. Moisés representa a Lei, boa parte das Escrituras Sagradas. Elias representa os profetas, a outra parte das Escrituras. É a Palavra de Deus anunciada e compreendida que nos abre ao conhecimento da Pessoa de Jesus. Deus nos revela Jesus, de maneira especial, por meio de sua Palavra. O Espírito Santo é quem nos leva a compreender a Palavra e a estar em comunhão com Deus. Sem o Espírito Santo, não há oração verdadeira, não se sobe a montanha.

E transfigurou-se diante deles (Mc 9, 2)

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
subir à montanha é procurar o encontro com Deus pela oração. É na oração que o Pai nos revela quem és tu, Senhor. Ele nos diz que tu és o seu filho amado, aquele que ele enviou para nossa salvação. Na verdadeira oração, quando também escutamos e deixamos espaço para a palavra de Deus, o Pai nos revela quem somos nós, seus filhos amados. A oração é o lugar da tua transfiguração. E da nossa também. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.

Vivendo a palavra

Reserve, hoje, um pouco mais de tempo para seu momento de oração. Na sua vida cristã, este momento pessoal de oração precisa ser diário. Na oração, encontramos forças para prosseguir o caminho da vida, com alegria e esperança.

Comunicando

Ontem, estreamos a programação noturna da AMA no rádio, chamada 'Noite de Paz'. Das dez da noite às seis da manhã, oração, reflexão e a boa música cristã, uma boa companhia. Está à disposição de qualquer emissora. Você pode ouvi-la na Rádio Amanhecer, no seu celular. 

Deixamos o encontro da Segunda Bíblica gravado no Youtube, para o caso de você não ter tido tempo de vê-lo ontem.  

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

Acolhida, comida e esperança.

 



   05 de agosto de 2024.   

Segunda-feira da 18ª Semana do Tempo Comum



   Evangelho.   


Mt 14,13-21

Naquele tempo, 13quando soube da morte de João Batista, Jesus partiu e foi de barco para um lugar deserto e afastado. Mas quando as multidões souberam disso, saíram das cidades e o seguiram a pé. 14Ao sair da barca, Jesus viu uma grande multidão. Encheu-se de compaixão por eles e curou os que estavam doentes. 15Ao entardecer, os discípulos aproximaram-se de Jesus e disseram: “Este lugar é deserto e a hora já está adiantada. Despede as multidões, para que possam ir aos povoados comprar comida!” 16Jesus porém lhes disse: “Eles não precisam ir embora. Dai-lhes vós mesmos de comer!” 17Os discípulos responderam: “Só temos aqui cinco pães e dois peixes”. 18Jesus disse: “Trazei-os aqui”. 19Jesus mandou que as multidões se sentassem na grama. Então pegou os cinco pães e os dois peixes, ergueu os olhos para o céu e pronunciou a bênção. Em seguida partiu os pães, e os deu aos discípulos. Os discípulos os distribuíram às multidões. 20Todos comeram e ficaram satisfeitos, e dos pedaços que sobraram, recolheram ainda doze cestos cheios. 21E os que haviam comido eram mais ou menos cinco mil homens, sem contar mulheres e crianças.

   Meditação.   


Eles não precisam ir embora. Vocês mesmos dêem-lhes de comer! (Mt 14, 16)

Como foi diferente o banquete de Jesus do banquete de Herodes! O banquete de Herodes é o texto que vem antes desta narração da multiplicação dos pães. As duas narrações estão interligadas. Jesus foi para um lugar deserto e afastado quando soube do que aconteceu com o profeta João Batista. Esta notícia, trazida pelos discípulos de João que sepultaram o seu corpo, mexeu profundamente com Jesus, claro. Além de seu primo, João o tinha batizado naquele movimento de renovação às margens do Rio Jordão. Quando ele tinha sido preso, conta o mesmo evangelho de São Mateus, Jesus tinha voltado para a Galileia, se transferido para Cafarnaum e começado a pregar abertamente. Agora, que soube de sua morte na corte de Herodes, em circunstâncias tão violentas, ele ficou muito abalado. E afastou-se para um lugar deserto.

A notícia do que tinha acontecido na corte do rei, em Tiberíades, circulou rapidamente no meio da população da Galileia. No banquete de aniversário, Herodes, dobrando-se ao capricho da esposa-cunhada, depois de um número de dança da sobrinha, mandou decepar a cabeça de João Batista no cárcere. Na presença dos convidados, foi apresentada a cabeça do profeta numa bandeja. Um banquete de violência onde o prato principal foi a morte do profeta de Deus, que tanta esperança tinha despertado no coração do povo. Um banquete de morte.

Não foi só Jesus que ficou triste. O povo também ficou chocado com o acontecido. E viu como Jesus tinha reagido, retirando-se para o deserto, com os discípulos. Por isso, de todo canto apareceu gente que foi ao encontro dele ou se antecipou à sua chegada. Ao desembarcar, Jesus já encontrou aquele povão todo. E encheu-se de compaixão por eles. Curou os que estavam doentes. E foi ficando com eles... Como já ia ficando tarde, os discípulos chamaram a sua atenção para que terminasse aquela reunião, para o povo voltar e encontrar o que comer pelas aldeias. Uma preocupação justa. Mas, Jesus recomendou que eles mesmos dessem um jeito. Mas, como dar um jeito, se eles só tinham cinco pães e dois peixes?! Seria o suficiente.

Realmente, daquela vez o povo não estava só atrás de benefícios para si. Estava chocado com os acontecimentos, vivendo quase um luto coletivo, solidário com Jesus, mas, ao mesmo tempo, sentindo-se consolado por ele. Mandá-los embora com fome, seria o contrário de tudo o que Jesus estava anunciando, com a proclamação da chegada do Reino de Deus. Assim, Jesus prepara o povo para uma grande refeição, um grande banquete, mandando o povo se sentar. O profeta Isaías tinha falado dessa fartura que Deus iria providenciar: “Vocês que não têm dinheiro, venham e comam!”. Um banquete de vida, Deus alimentando o seu povo, como no tempo do maná, também no deserto. Jesus pegou aquele pouco alimento e deu graças a Deus e começou a dividir os pães e depois os peixes e entrega-los aos discípulos que iam entregando ao povo. Um milagre da providência divina, a multiplicação dos pães e dos peixes. Todo mundo comeu e ficou satisfeito. Mandou ainda recolher as sobras em cestos.

O povo voltou para casa consolado pela atitude acolhedora e amorosa de Jesus, confortado por suas palavras e alimentado pelo pão abençoado, partido e distribuído por ele. Um banquete bem diferente do de Herodes. Lá, a corte celebrou a morte, sufocando a palavra de esperança que o profeta anunciava, pela qual convocava todos à conversão. No deserto, o povo celebrou a vida, no acolhimento de Jesus, em sua palavra de esperança e no pão repartido com todos.





Guardando a mensagem

Os encontros de multiplicação dos pães, nos evangelhos, nos prepararam para a Eucaristia, a Santa Missa. Na Santa Missa, celebramos o banquete da vida. O próprio Jesus acolhe com carinho o seu povo, conforta-o em suas necessidades, fala-lhes ao coração e o alimenta com o sacramento do seu próprio corpo e sangue. Continuamos a partir o pão, fazendo memória de sua vida entregue por nós, pão descido do céu para a vida do mundo. 

Eles não precisam ir embora. Vocês mesmos dêem-lhes de comer! (Mt 14, 16)

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
nós te bendizemos por tua proximidade, por tua encarnação. Tu és o Deus maravilhoso que se fez um de nós, participante de nossa história humana, companheiro de dores e alegrias. Em ti, experimentamos como é imenso o amor do Pai por nós. Naquele encontro no deserto, com aquele povo tão numeroso que te procurou, celebraste um banquete de vida, enchendo o seu coração de alegria e esperança. Assim, experimentaram que o Reino de Deus tinha chegado, vencendo o banquete de morte da corte de Herodes. Concede, Senhor, que em nossas celebrações eucarísticas experimentemos o acolhimento, a solidariedade, a comunhão contigo e com os irmãos, ao acolhermos tua santa palavra e comermos do mesmo pão que és tu mesmo, para nos fortalecer no caminho da vida. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.

Vivendo a palavra

Essa linda celebração de Jesus multiplicando os pães no deserto para o seu povo foi como uma preparação para a Santa Missa. A Santa Missa, que nós também chamamos de Celebração da Eucaristia, é a Última Ceia que Jesus celebrou com os seus discípulos na quinta-feira santa. O evangelho vai nos educando para sermos fiéis à participação ativa na Santa Missa dominical. 

Comunicando

Chamo a sua atenção para dois eventos nesta segunda feira. Primeiro evento: começa hoje a programação noturna 'Noite de Paz' produzida pela AMA - das 22 horas às 06 da manhã, reflexão, música e oração. Está à disposição das emissoras de rádio. É só fazer contato conosco pelo nosso whatsapp 81 3224-9284. Você pode acompanhar a "Noite de Paz' pela Rádio Amanhecer. É só baixar o aplicativo 'Rádio Amanhecer' no seu celular. Segundo evento: hoje é dia de Segunda Bíblica, estudando Ezequiel capítulo 22. Nosso encontro bíblico no Youtube começa às oito e meia da noite. 

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb 



Senhor, dá-nos sempre deste pão.

 



   04 de agosto de 2024.   

18º Domingo do Tempo Comum

Dia do Padre 

   Evangelho  


Jo 6,24-35

Naquele tempo, 24quando a multidão viu que Jesus não estava ali, nem os seus discípulos, subiram às barcas e foram à procura de Jesus, em Cafarnaum. 25Quando o encontraram no outro lado do mar, perguntaram-lhe: “Rabi, quando chegaste aqui?”
26Jesus respondeu: “Em verdade, em verdade, eu vos digo: estais me procurando não porque vistes sinais, mas porque comestes pão e ficastes satisfeitos. 27Esforçai-vos não pelo alimento que se perde, mas pelo alimento que permanece até a vida eterna, e que o Filho do Homem vos dará. Pois este é quem o Pai marcou com seu selo”.
28Então perguntaram: “Que devemos fazer para realizar as obras de Deus?”
29Jesus respondeu: “A obra de Deus é que acrediteis naquele que ele enviou”.
30Eles perguntaram: “Que sinal realizas, para que possamos ver e crer em ti? Que obra fazes? 31Nossos pais comeram o maná no deserto, como está na Escritura: ‘Pão do céu deu-lhes a comer’”.
32Jesus respondeu: “Em verdade, em verdade vos digo, não foi Moisés quem vos deu o pão que veio do céu. É meu Pai que vos dá o verdadeiro pão do céu. 33Pois o pão de Deus é aquele que desce do céu e dá vida ao mundo”.
34Então pediram: “Senhor, dá-nos sempre desse pão”.
35Jesus lhes disse: “Eu sou o pão da vida. Quem vem a mim não terá mais fome e quem crê em mim nunca mais terá sede”.


   Meditação.   


Pois o pão de Deus é aquele que desce do céu e dá vida ao mundo (Jo 6, 33)

Neste domingo, Jesus tem um convite pra você. E pra mim, também. Ele nos estimula a buscar mais do que as coisas materiais. As coisas pelas quais tanto lutamos passam. Mas há alguma coisa mais importante que não passa. Nós nos esforçamos muito para conquistar a nossa sobrevivência. Tudo certo, diz Jesus. Maior esforço devemos fazer pelo que não passa, pela vida eterna que ele nos concede.

No coração das leituras desse domingo, está o pão, o pão com que o Pai nos alimenta. O próprio Jesus nos ensinou a pedir ao Pai o pão de cada dia. A sobrevivência é a nossa necessidade mais imediata. Mas, não só de pão vive o homem, ele mesmo explicou, mas de toda palavra que sai da boca de Deus. A palavra do Senhor é verdadeiro alimento e dela precisamos para alimentar a nossa vida espiritual e para dar o sentido de nossa vida e de nossa luta pela sobrevivência.

No evangelho, falando ao povo que tinha participado da multiplicação dos pães, Jesus apresenta o pão do seu próprio corpo entregue como alimento, a sua própria vida. Este é o verdadeiro pão do céu, o alimento que nos comunica a vida eterna. O maná, com que Deus alimentou o seu povo no deserto, foi apenas um sinal, um sinal do verdadeiro pão do céu.

Foi na Última Ceia que o Senhor, comendo a páscoa com os apóstolos, lhes deu pão e vinho, como seu corpo e seu sangue. Na Ceia, na véspera de sua paixão, Jesus antecipou e consagrou a entrega de sua vida na cruz (corpo e sangue).  A Última Ceia foi a celebração de sua páscoa, isto é de sua paixão, morte e ressurreição. A Missa (que chamamos também de Santa Ceia ou de Eucaristia) é a celebração memorial de sua morte e ressurreição. Pelas palavras do Senhor proferidas pelo ministro ordenado (o padre ou o bispo) e pela presença santificadora do Espírito Santo, pão e vinho se tornam verdadeiramente corpo e sangue de Cristo. Corpo entregue, sangue derramado. 

O sacrifício do calvário, no qual o Senhor entregou sua vida ao Pai pela nossa redenção, é renovado na Santa Missa, é tornado perene, um louvor permanente ao Pai. Pela comunhão, nós acolhemos o Senhor Jesus que nos comunica a vida de Deus, a sua graça, o seu Espírito Santo.

Guardando a mensagem

Jesus, falando ao seu povo e, hoje, a nós, está nos pedindo que passemos do nível de quem está apenas preocupado com o pão da sobrevivência para o nível de quem está buscando o pão que é ele mesmo, sua Palavra e seu Corpo e Sangue. Buscar mais que o pão da sobrevivência. Buscar Jesus. Procurar ansiosamente sua Palavra e o Sacramento do seu Corpo e Sangue, a Eucaristia. Na Missa, a comunidade-igreja celebra o mistério da páscoa de Jesus, pela qual somos salvos. Pela comunhão, nos unimos intimamente a Cristo. Pela ação do Espírito Santo, a Eucaristia nos une num só corpo, nos faz povo do Senhor.

Pois o pão de Deus é aquele que desce do céu e dá vida ao mundo (Jo 6, 33)

Rezando a Palavra

Senhor Jesus,
sendo hoje o dia do padre, nos lembramos do seu importante serviço na comunidade cristã. Ele pastoreia o rebanho em teu nome, ele proclama a palavra para a edificação do teu povo, ele preside a celebração dos sacramentos de nossa fé. Na Santa Missa, durante a Oração Eucarística que ele reza, dá-se a consagração e a transubstanciação. Pelas tuas palavras, Senhor, e pelo dom do Espírito Santo, o pão não é mais pão. Substancialmente, é teu Corpo. E o vinho não é mais vinho. Só por fora é vinho. Substancialmente, é o teu Sangue. No final da Oração Eucarística, depois do nosso ‘Amém’, o padre faz uma solene proclamação: “Eis o mistério da fé!”. O mistério da fé é o mistério da tua morte redentora e de tua ressurreição renovados na Santa Missa. É linda essa palavra do padre “Eis o mistério da fé”. A gente não sabe nem o que dizer diante de tanta maravilha, de tanto amor. Aí a gente reza uma palavra de São Paulo: “Anunciamos, Senhor, a tua morte e proclamamos a tua ressurreição. Vem, Senhor Jesus!”. Senhor, que a Santa Missa deste domingo encha o nosso coração de alegria e nossa semana de bênçãos. Seja bendito o teu santo Nome, hoje e sempre. Amém
.  

Vivendo a palavra

Reze, hoje, várias vezes durante o dia o que povo respondeu a Jesus lá no deserto, depois que ele lhes falou do verdadeiro pão do céu: “Senhor, dá-nos sempre deste pão!”.

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

Somos profetas, com Jesus.

  



   03 de agosto de 2024   

Sábado da 17ª Semana do Tempo Comum


   Evangelho.   


Mt 14,1-12

1Naquele tempo, a fama de Jesus chegou aos ouvidos do governador Herodes. 2Ele disse a seus servidores: “É João Batista, que ressuscitou dos mortos; e, por isso, os poderes miraculosos atuam nele”.
3De fato, Herodes tinha mandado prender João, amarrá-lo e colocá-lo na prisão, por causa de Herodíades, a mulher de seu irmão Filipe. 4Pois João tinha dito a Herodes: “Não te é permitido tê-la como esposa”. 5Herodes queria matar João, mas tinha medo do povo, que o considerava como profeta. 6Por ocasião do aniversário de Herodes, a filha de Herodíades dançou diante de todos, e agradou tanto a Herodes 7que ele prometeu, com juramento, dar a ela tudo o que pedisse. 8Instigada pela mãe, ela disse: “Dá-me aqui, num prato, a cabeça de João Batista”. 9O rei ficou triste, mas, por causa do juramento diante dos convidados, ordenou que atendessem o pedido dela. 10E mandou cortar a cabeça de João, no cárcere. 11Depois a cabeça foi trazida num prato, entregue à moça e esta a levou para a sua mãe. 12Os discípulos de João foram buscar o corpo e o enterraram. Depois foram contar tudo a Jesus.

   Meditação.   


Herodes queria matar João, mas tinha medo do povo, que o considerava como profeta (Mt 14, 5)

Herodes ouviu falar de Jesus e ficou com medo. Ele tinha mandado matar o profeta João Batista. Suspeitou que Jesus fosse o Batista que tivesse ressuscitado. Pelo que ouviu falar de Jesus, tirou a conclusão: “É João Batista que voltou”.

Talvez Herodes tivesse certa razão.

Pensando bem, os profetas nem sempre eram bem quistos. Especialmente, gente da corte detestava esse tipo de gente. Os profetas tinham a missão de recordar ao povo a Aliança que tinham feito com Deus. Normalmente, denunciavam a infidelidade do povo e de seus líderes em relação à Aliança. Por isso, quase todos sofreram grande perseguição.

Amós, por exemplo, que foi profeta no tempo do Reino do Norte, foi “convidado” a sair do país, para não continuar incomodando o rei e o santuário. Mas, ele foi firme: “Eu estava no meu trabalho, cuidando do meu rebanho e do meu roçado, e Deus me mandou profetizar na casa de Israel” (Am 7), como quem diz “eu não estou aqui por minha conta. Estou fazendo o que Deus me encarregou de fazer”. O profeta Jeremias, no Reino do Sul, foi perseguido por todos os lados. Sua palavra desestabilizava as lideranças do país e o próprio Templo. Queriam condená-lo à morte. Firme também o profeta Jeremias: “Foi o Senhor quem me mandou profetizar contra esta Casa e contra a cidade” (Jr 26).

E você que está participando da Segunda Bíblica vai entender direitinho... O Profeta Ezequiel foi chamado por Deus a ser sentinela do seu povo, devia avisar sobre as consequências de sua má conduta e das escolhas equivocadas dos seus líderes. Foi, claro, mal-recebido, desconsiderado, destratado. Mas, o profeta não fala para agradar. Fala o que Deus lhe deu mandou falar.

Mas, havia, sempre, os que 'em nome de Deus' abençoavam o mau feito. Eram profetas da corte, comprometidos com o poder. Também no livro do profeta Ezequiel, como no de Jeremias, há uma forte denúncia dos falsos profetas, os que, para agradar, anunciavam visões que não tinham tido e prometiam em nome de Deus, o que ele não autorizara.

De certo modo, Herodes tinha razão. A atuação de Jesus se assemelhava a de um profeta. Quando ele perguntou aos discípulos o que povo dizia dele, a lista era de profetas: “eles dizem que o senhor é Elias, outros dizem que é Jeremias ou um dos profetas”.

O próprio Jesus alertou para se distinguir bem os profetas de Deus dos falsos profetas. Depois de proclamar bem-aventurados os perseguidos por causa do seu nome, mencionou os falsos profetas. Estes são os aplaudidos pelo mundo (Lc 6).

No evangelho de hoje, há uma aproximação entre a figura de João Batista e de Jesus. E assim se conta o que o rei Hrodes mandou fazer com o Batista, já nos preparando para o que fariam as autoridades de Jerusalém com o profeta Jesus.


Guardando a mensagem

O evangelho de hoje conta o que ocorreu a João Batista em consequência do seu ministério de profeta que convocou a todos à conversão em preparação da vinda do Messias. Ele realça o lado de profeta de Jesus. Nós que seguimos Jesus, quando fomos batizados nos unimos a ele, participando também de sua missão de profeta, de sacerdote e de pastor. Como profetas, proclamamos a palavra do Senhor que corrige o erro e acolhe o pecador arrependido. Somos profetas, com Jesus. 

Herodes queria matar João, mas tinha medo do povo, que o considerava como profeta (Mt 14, 5)

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
lemos no evangelho, que quando soubeste desta morte cruel do teu primo João Batista, voltaste da Judeia para a Galileia, para a tua região, onde tinham ocorrido esses episódios tão tristes. Não te deixaste intimidar. Pelo contrário, foi a oportunidade para começares a tua missão publicamente, pregando o Reino de Deus. É como quem diz, caiu um profeta, levanta-se outro. Senhor, teu exemplo é um grande ensinamento para nós. Ajuda-nos a não nos deixarmos paralisar pelo medo ou pela omissão. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.

Vivendo a palavra

Preparando a sua participação na Missa deste domingo, dê uma olhada no evangelho de amanhã: Jo 6,24-35.

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

Deus ficou bem pertinho de nós.

 


   02 de agosto de 2024.   

Sexta-feira da 17ª Semana do Tempo Comum


   Evangelho   


Mt 13,54-58

Naquele tempo, 54dirigindo-se para a sua terra, Jesus ensinava na sinagoga, de modo que ficavam admirados. E diziam: “De onde lhe vem essa sabedoria e esses milagres? 55Não é ele o filho do carpinteiro? Sua mãe não se chama Maria, e seus irmãos não são Tiago, José, Simão e Judas? 56E suas irmãs não moram conosco? Então de onde lhe vem tudo isso?” 57E ficaram escandalizados por causa dele. Jesus, porém, disse: “Um profeta só não é estimado em sua própria pátria e em sua família!” 58E Jesus não fez ali muitos milagres, porque eles não tinham fé.


   Meditação.   


E Jesus não fez ali muitos milagres, porque eles não tinham fé (Mt 13, 58).

Jesus suscitou muita admiração. Mas, curioso, não foi aceito por todo mundo. A gente pode até identificar várias razões. Uns ficaram com inveja de sua popularidade; ou se sentiram ameaçados em suas posições de liderança. Outros perceberam que aceitá-lo seria mudar de vida, reconhecer o amor misericordioso de Deus em sua vida. No geral, podemos dizer, muita gente gostava de Jesus, o admirava, mas não foi capaz de dar o passo decisivo: crer em Jesus.

Jesus voltou à sua terra – Nazaré - e estava pregando na sinagoga. No início, todos estavam admirados com sua palavra simples e forte. Aos poucos, a reação passou da admiração à revolta. Acharam que, sendo ele uma pessoa crescida naquela comunidade, não podia ter aquela sabedoria toda, nem fazer milagres como diziam que ele fazia. Julgaram, então, que Jesus estivesse exorbitando, arvorando-se a ser quem não era. “Você não é um profeta coisa nenhuma!”, alguém deve ter gritado lá do fundo da sinagoga. Num certo momento, Jesus lamentou-se: “Um profeta só não é bem estimado em sua própria pátria e em sua família”. Eles não tinham fé. Jesus nem pode fazer os milagres que sempre fazia nessas ocasiões. Essa visita à sinagoga de Nazaré, segundo o evangelho de São Lucas, terminou mal. Jesus foi expulso da Sinagoga.

Afinal, não creram em Jesus, por quê? Aparentemente, porque conheciam a sua família. Só por isso? Começaram a dizer que ele era o filho do carpinteiro, que a mãe era dona Maria e os primos-irmãos dele eram Tiago, José, Simão e Judas. Não havia essa palavra ‘primo’ na linguagem deles; para eles primos, tios, sobrinhos eram ‘irmãos’. E as irmãs também moravam por ali, casadas com certeza. Primas, claro. Afinal, Jesus era uma pessoa conhecida, de uma família dali, gente da comunidade. E era isso que eles não engoliam. Não podiam admitir que Deus estivesse agindo por meio de uma pessoa assim de origem humilde, de um vilarejo sem importância... esse era o problema! Eles estavam contrários exatamente ao modo como Deus estava agindo, na dinâmica da encarnação.

A encarnação é a modalidade pela qual Deus enviou o seu filho, Deus como ele, nascido na carne. Nascido na ‘carne’ quer dizer nascido na fraqueza humana. Como disse Paulo, “nascido de uma mulher”. O povo de Nazaré reagiu contra a encarnação. Não aceitaram uma manifestação de Deus assim tão próxima deles.





Guardando a mensagem

A encarnação do Verbo é a verdade que desnorteia, que escandaliza o povo de Nazaré; e pessoas de hoje, também. Essa reação não está muito longe de nós. Tem muita gente que espera Deus agindo apenas lá de cima, sem passar pela fraqueza de pessoas aqui da terra e da terra dos pobres. Jesus ressuscitado conferiu a missão aos seus apóstolos e os enviou como seus missionários. Comunicou-lhes o seu Espírito e deu-lhes o seu poder. Assim, sua Igreja continua o seu ministério. Os pastores da Igreja, em nome de Cristo, continuam o seu ministério de perdoar, de ensinar, de conduzir... Os líderes das comunidades, os nossos pastores e todos os servidores do povo de Deus, homens e mulheres, em nome do Senhor, continuam orientando, evangelizando, abençoando. A atitude do povo de Nazaré se repete. Somos conhecidos, conhecem nossos pais e nossos irmãos, sabem de nossa origem humana e periférica, na maioria. Só na fé podem acolher o ministério de Jesus Salvador que exercitamos. Só na fé podem acolher a palavra que pregamos, em nome do Senhor. Sem a fé, correm o risco de fechar as portas para a graça que nós comunicamos.

E Jesus não fez ali muitos milagres, porque eles não tinham fé (Mt 13, 58).

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
não foi fácil para os teus conterrâneos te acolherem como profeta e messias. É que eles estavam aguardando alguém que viesse de fora, dos círculos de poder, alguém que se mostrasse poderoso e superior. Mas, tu, de acordo com o teu Pai, vieste na humildade de um galileu daquela terra esquecida, com a sabedoria da convivência com o povo trabalhador e com a força da confiança em Deus. Tu, Deus verdadeiro, assumiste a condição humana e te expressaste na cultura do teu povo. Assim, nos ensinas a dar valor ao que somos e a valorizar os outros ao nosso redor. Agindo assim, abrimos o caminho para te reconhecer agindo na Igreja e por meio dela, esta comunidade humana e frágil que carrega a grandeza de tua palavra e a força de tua graça redentora. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.


Vivendo a palavra

Estamos começando o mês vocacional. Somos chamados a reconhecer as diversas formas de vida e de serviço na Igreja  (ordenados, consagrados e consagradas, leigos e leigas nas famílias, nas profissões, nos ministérios eclesiais); reconhecer e valorizar em todos eles o chamado de Deus e a missão que cada um, cada uma recebe a serviço do seu povo. Inspirando-se no evangelho de hoje, agradeça a Deus a vida e a missão dos ministros e servidores de sua comunidade. 

Comunicando

Neste mês de agosto, a AMA está completando 28 anos de serviço missionário nos meios de comunicação. Vamos celebrar essa data em três momentos: 1. A estreia da programação noturna 'Noite de Paz' à disposição das emissoras de rádio; 2. O Seminário de Salesianidade que vamos realizar na semana de 12 a 16; 3. A Missa de Ação de Graças do dia 16, transmitida pela Rede Vida.

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb

Um grande contador de histórias.



   01 de agosto de 2024   

Quinta-feira da 17ª Semana do Tempo Comum


     Evangelho.     


Mt 13,47-53

Naquele tempo, disse Jesus à multidão: 47“O Reino dos Céus é ainda como uma rede lançada ao mar e que apanha peixes de todo tipo. 48Quando está cheia, os pescadores puxam a rede para a praia, sentam-se e recolhem os peixes bons em cestos e jogam fora os que não prestam.
49Assim acontecerá no fim dos tempos: os anjos virão para separar os homens maus dos que são justos, 50e lançarão os maus na fornalha de fogo. E aí, haverá choro e ranger de dentes. 51Compreendestes tudo isso?” Eles responderam: “Sim”.
52Então Jesus acrescentou: “Assim, pois, todo mestre da Lei, que se torna discípulo do Reino dos Céus, é como um pai de família que tira do seu tesouro coisas novas e velhas”. 53Quando Jesus terminou de contar essas parábolas, partiu dali.



      Meditação.     


Jesus perguntou: Vocês compreenderam tudo isso?” Eles responderam: “Sim” (Mt 13, 51)

Jesus anunciava o Reino de Deus. Era essa a mensagem que ele tinha a comunicar da parte de Deus. No evangelho de Mateus, que estamos lendo, ao invés de dizer Reino de Deus sempre se diz ‘Reino dos Céus’, seguindo o costume dos hebreus de não pronunciar o nome de Deus ou de fazer referência direta a ele, por temor e respeito.

Sobre o Reino de Deus, Jesus falou de muitos modos, mas sobretudo, contou parábolas, pequenas histórias, cheias de significado. Contando uma parábola, ele provocava as pessoas a pensar e a tirar suas conclusões. As parábolas são portadoras de maravilhosos ensinamentos sobre o Reino de Deus. Através delas, Jesus ia conduzindo os seus ouvintes a se deixarem envolver no mistério do Reino de Deus.

No capítulo 13 do evangelho de São Mateus, o evangelista reuniu sete parábolas sobre o Reino de Deus: a do semeador, a do joio e do trigo, a do grão de mostarda, a do fermento, a do tesouro escondido, a da pérola preciosa e a da rede de pescar. O texto de hoje retoma esta sétima parábola, a da rede de pescar, fechando essa série de parábolas ditas à beira mar, ele sentado na barca de Simão. Certamente, ele não contou tudo de uma vez.

A gente pode imaginar ele falando, pausadamente, com voz tranquila, contando essas histórias. Quando termina de contar uma parábola, fica olhando para as pessoas e espera a reação, pacientemente. E as pessoas começam a conversar entre si, comentando alguma coisa que tenha chamado sua atenção. “Mas, que agricultor bobo... foi semear num terreno cheio de espinhos, trabalho perdido, bem empregado”. “Ah, eu já acho esse agricultor muito simpático, ele queria todo o seu terreno bem aproveitado, não desprezou nenhum terreno”. “Você viu que teve lugar que deu 30%? Só 30%?”. E a conversa vai esquentando... Jesus fica olhando, sorrindo... quando o converseiro diminui, ele começa a contar outra parábola... “Ah, o Reino de Deus, que coisa maravilhosa, minha gente! É do jeito de um agricultor que passou a vida cavando a terra, dando duro, ganhando pouco, no sol quente o dia todo... mas, um dia, um dia, quando a enxada bateu no chão, ele sentiu um som diferente...parou... (todo mundo prende a respiração). Desceu a enxada de novo, com força... tem um negócio diferente aqui... e começou a cavar com cuidado... ele foi tirando a terra, cavando mais... não acreditou no que viu... (suspense) uma botija... (e o povo: oh, oh, uma botija), um tesouro escondido bem ali, um baú cheio de moedas de ouro ... E nem bem terminava a parábola, o povo já estava conversando, trocando ideias, rindo... e começando a entender... nós estamos descobrindo a botija de Jesus, o Reino de Deus. E a alegria ia tomando conta dos corações.

Acho que era assim. Ninguém mais esquecia uma história daquela. Quando chegava em casa, já ia contando pra quem não tivesse ido escutar o novo profeta. E já ia aplicando a sua mensagem. Com certeza, sempre inventava mais um pedaço, porque quem conta um conto, aumento um ponto. As parábolas envolviam, atraíam as pessoas para dentro do mistério do Reino. Jesus não falava como se estivesse fazendo uma palestra ou dando uma aula. Não, ele coloca o povo nas histórias, fazia deles personagens das parábolas. São eles o agricultor que semeou a semente, o pescador que estava pescando, o criador de ovelhas que perdeu uma, o comerciante que estava atrás de uma pérola especial, a dona de casa que fez o pão. Eles e a vida deles estão dentro das parábolas.




Guardando a mensagem

Nas sete parábolas do capítulo 13 do evangelho de São Mateus, podemos adentrar no mistério do Reino revelado aos simples e humildes. Nelas, estão luzes que iluminam profundamente a realidade da vida. Nelas, está um anúncio maravilhoso sobre o Reino. Podemos aprender que Deus quer a salvação de todos e que cada um precisa acolher a palavra de Deus como um bom terreno (parábola do semeador); que não se trata de fazer guetos de gente pura e santa, mas viver santamente no meio dos pecadores (parábola do joio e do trigo). Ninguém se iluda com grandeza, a semente pequenininha dá uma grande árvore (a parábola do grão de mostarda). Ninguém se intimide com maioria, cristão é fermento, não é massa (parábola do fermento). Quando você descobrir a beleza e a riqueza do amor de Deus, você vai investir tudo nisso, vai redirecionar toda a sua vida para ele (parábolas do tesouro escondido e da pérola preciosa). Quem encontrou o Reino de Deus, faz-se testemunha e anunciador dele para os outros, pescadores de gente (parábola da rede de pescar).

Jesus perguntou: Vocês compreenderam tudo isso?” Eles responderam: “Sim” (Mt 13, 51)

Rezando a palavra

Senhor Jesus,
com que amor estavas no meio do teu povo, ensinando, curando, libertando. Contar parábolas para falar das coisas de Deus foi um gesto de carinho e de delicadeza para com aquele povo sofrido. Não só te fizeste entender, mas despertaste pessoas para pensar, analisar, tirar conclusões. Acordaste sonhos, comunicaste amor, devolveste a alegria de viver. Não só o Reino estava sendo anunciado, o Reino estava sendo vivido como experiência de amor, de inclusão, de esperança. Ajuda-nos, Senhor, a realizar a obra da evangelização com grande amor e compromisso com o bem, a justiça, a verdade, expressões do reinado de Deus entre nós. Seja bendito o teu santo nome, hoje e sempre. Amém.


Vivendo a palavra

Abra sua Bíblia em Mateus, capítulo 13. Escolha uma das sete parábolas e a leia atentamente.

Comunicando

Neste mês de agosto, a AMA está completando 28 anos de serviço missionário nos meios de comunicação. Vamos celebrar essa data em três momentos: 1. A estreia da programação noturna 'Noite de Paz' à disposição das emissoras de rádio; 2. No Seminário de Salesianidade que vamos realizar na semana de 12 a 16; 3. Na Missa de Ação de Graças do dia 16, transmitida pela Rede Vida.

Pe. João Carlos Ribeiro, sdb


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